Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Antes de que fueran engendrados los montes y la tierra y el orbe fuesen formados, desde siempre y para siempre, Tú eres Dios.
Como un borrico soy delante de Ti. Pero yo estaré siempre contigo: me agarraste con la mano derecha. Me guías según tu designio y después me acogerás en tu gloria.