Dios Padre, Señor del cielo y la tierra, eres más íntimo a mí que yo mismo(cfr. S.Agustin): tu corazón late por mí, tú razón piensa siempre en mí.(cfr. S. Juan Pablo II)
dándonos a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.