Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Quién ve en la muerte de Cristo solamente su dolor, su humillación, sin su Amor, no termina de ver solo a un hombre, no a un Dios que me ama más que la vida.
«Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres»85.
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