Quién soy yo para Dios.
En una ocasión en que le preguntaron algo parecido, san Juan Pablo II, contestó: «Mira, tú eres un pensamiento de Dios, tú eres un latido del corazón de Dios. Afirmar esto es como decir que tú tienes un valor, en cierto sentido, infinito, que cuentas para Dios en tu irrepetible individualidad» .
Parafraseando a JPII, podríamos también decir: en ti piensa continuamente Dios, como si fueses su único hijo, tú haces palpitar el corazón de Dios como si fueses su único hijo.
Comentarios
Publicar un comentario