La Santa misa.
La Santa misa es el mismísimo sacrificio de Cristo en la cruz. No es una representación, como una representación teatral, no es una repetición, como si hubiera múltiples misas, es la misma y única misa: el sacrificio de la Cruz.
Por lo tanto es el sacrificio de Cristo ofrecido a Dios Padre en acción de gracias por la Creación -el Universo- no como un hecho estático, sino dinámico, que incluye los pensamientos, deseos y hechos de todos y cada uno de los hombres; del mismo modo en adorarle por nuestros pensamientos, deseos u obras ordenados, unidos a los méritos de Cristo. Del mismo modo en pedirle perdón por nuestros pecados si nuestros pensamientos, deseos u obras son desordenados, de la mano de Jesucristo. Así como pedirle ayuda, con Cristo, para que nuestros pensamientos, deseos u obras sean ordenados, los de cada hombre y mujer que existen y existirán. Así pues, la Misa es Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que, se une con la Creación y las criaturas, obra de Dios, -siendo Cristo, Cristo Total- en el único sacrificio de la Cruz. Es el acto más agradable a Dios Padre.
Como la Santa misa la celebra Cristo -el sacerdote le presta su cuerpo y su alma- , de algún modo Cristo nos transporta al cielo, donde está de modo más evidente, con la Trinidad, con los Ángeles, con los Santos, con las benditas Almas del purgatorio, con todos los que vivimos y viviran sin abandonar este universo terreno que nos ha encargado cuidar. Todo ello formamos el Cristo total. El cielo y la tierra. Incluidas las personas trinitarias, un sólo Dios, la iglesia del cielo y la de la tierra.
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