reproducir la imagen del Hijo.

Este es el designio de Dios sobre los seres humanos: que « reproduzcan la imagen de su Hijo » (Rm 8, 29). Sólo así, con el esplendor de esta imagen, el hombre puede ser liberado de la esclavitud de la idolatría, puede reconstruir la fraternidad rota y reencontrar su propia identidad.

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