Cruz redentora.

Los sufrimientos de Jesús en la Cruz no se pueden comparar con la alegría que, a su vez, tenía, sabiendo que nos rescataba del pecado y de la muerte y que, cada uno de nosotros volvía a ser hijo de Dios en un estado de ser familia de Dios más íntima que el anterior al pecado original: feliz culpa que mereció tan gran redentor.

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